Cuando me invento a alguien

19 de febrero de 2026

Una profunda reflexión sobre la limerencia y cómo puede afectar la percepción del amor y la atención. Se exploran las emociones detrás de la obsesión y la importancia de reconocer la propia valía sin depender de otros.

ESCUCHA ESTA PUBLICACIÓN

A veces me da vergüenza admitirlo, pero lo voy a soltar igual, porque ya estoy cansada de actuar como si esto no me pasara. Hay una forma de enamorarse que no se siente como amor bonito, ni como maripositas, ni como “qué lindo compartir”. Se siente más como un prendío en el pecho, una ansiedad con perfume. Como si mi mente se hubiera trepado a un techo y desde allá gritara: “¡Esta persona es la salida!”. Y el cuerpo, bien obediente, le cree.

Leí hace poco una palabra que me cayó como una piedra en el bolsillo: limerencia. Y me quedé pensando en lo exacta que puede ser una palabra cuando te encuentra en el momento justo. No es “amor”. No es “capricho”. No es “obsesión” en el sentido caricaturesco de película. Es esa mezcla rara de idealización, anticipación y hambre emocional. Una necesidad de señales, de respuesta, de confirmación… como si la vida entera estuviera esperando un “sí” de alguien.

Y lo más brutal es que, cuando estoy en eso, yo no veo a la persona. Veo una versión editada, una película que produzco yo sola. Un avatar con ojos reales. Me invento conversaciones completas, explicaciones, reconciliaciones, futuros, escenas en la cocina, risas, viajes, silencios cómodos. Me invento hasta la calma. Y con esa calma inventada intento bregar el día, como si me la hubiera ganado. Pero no: es prestada. Y cuando no llega el mensaje, cuando no llega la invitación, cuando la realidad no coopera… esa calma se cae como vaso en piso de losas.

Me asusta lo fácil que mi mente puede agarrarse de alguien para llenar un hueco que ni siquiera sé nombrar. Porque no es solo “me gusta”. Es “necesito”. Y esa palabra, necesito, me prende una alerta bien vieja. Como si en algún lugar dentro de mí hubiera una parte que todavía cree que el cariño se mendiga, que la atención se gana, que el valor propio depende de que alguien te escoja.

Yo sé que suena intenso. Y lo es. Pero también es silencioso. Por fuera, yo puedo estar jangueando, trabajando, haciendo chistes, cumpliendo. Por dentro, hay un radio prendido, bajito, repitiendo lo mismo: “¿Qué estará haciendo? ¿Por qué no escribió? ¿Dije algo mal? ¿Y si ya no le importo? ¿Y si nunca le importé?” Y ahí es cuando la limerencia se pone peligrosa: cuando me roba el presente. Cuando estoy en un sitio y no estoy. Cuando mi mente se queda pegada como sticker.

A veces me digo: “mano, bájale”. Como si con regañarme se arreglara. Pero lo que he notado es que esto no se va con vergüenza. Se alimenta de la vergüenza. Porque si lo escondo, crece. Si lo disfrazo de “nada, chill”, crece. Si lo trato como un secreto, crece. La limerencia ama el cuarto oscuro. Lo mío, por lo menos, mejora cuando le da el aire.

He empezado a hacerme preguntas incómodas, pero honestas. ¿Qué es lo que realmente estoy buscando cuando me obsesiono con alguien? ¿Validación? ¿Dirección? ¿Una excusa para sentir algo fuerte? ¿Una salida de mi propio ruido? Y, sobre todo: ¿qué parte mía estoy dejando sola, que se agarra de cualquiera que parezca refugio?

Porque esa es otra: a veces uno confunde refugio con persona. Y no es justo ni para mí ni para el otro. Nadie debería cargar con la tarea de “salvarme” solo por existir. Nadie debería ser mi medicina.

Lo que me ha ayudado —un poquito, no voy a vender milagros— es volver a lo básico cuando me da el ataque de fantasía: mi respiración, mi cuerpo, el día real. Hacer algo con las manos. Caminar. Bañarme sin prisa. Comer sin pantalla. Es como decirle a mi mente: “gracias por el guion, pero ahora mismo estamos aquí”.

Y también he intentado algo que me cuesta: aceptar que el silencio del otro no siempre es un mensaje sobre mí. A veces es solo eso: silencio. Vida. Ocupaciones. O simplemente que no somos. Y duele, sí. Pero duele más cuando yo convierto ese silencio en juicio, en sentencia, en prueba de que “no valgo”.

Yo no sé si esto se “cura”. Creo que se entiende. Y cuando se entiende, se vuelve menos dueño. Ya no es un monstruo sin nombre. Es un patrón. Un mecanismo. Una forma torpe de buscar amor.

Hoy lo único que quiero es dejar esto aquí, como quien deja una piedra al borde del camino para no cargarla todo el trayecto. Si mañana me vuelve el impulso, si vuelvo a mirar el celular como si fuera oráculo, quiero acordarme de algo sencillo: yo también soy una persona. Yo también merezco mi propia atención. No puedo seguir abandonándome para correr detrás de una ilusión bonita.

Y si alguna vez he confundido amor con ansiedad, con urgencia, con necesidad de señales… pues nada. Hoy lo miro de frente. Sin drama, pero sin mentirme. Y a ver si poco a poco aprendo a querer de una manera que no me quite el aire.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento íntimo · 34%
Predomina una exploración íntima y vulnerable de la limerencia, sostenida por una fuerte carga emocional y una voz literaria confesional.
  • El eje principal es la vida interior de la autora: vergüenza, dependencia emocional, miedo al abandono, autoconciencia y patrones difíciles de admitir.
  • El texto está atravesado por ansiedad, vergüenza, deseo, dolor, necesidad de validación y búsqueda de calma afectiva.
  • La pieza usa metáforas, ritmo confesional e imágenes narrativas como 'ansiedad con perfume', 'radio prendido' o 'vaso en piso de losas'.
  • Incluye un movimiento de comprensión y cambio: nombrar el patrón, volver al cuerpo, aceptar el silencio y aprender a querer sin perderse.
  • Aparecen escenas concretas de la vida diaria como mirar el celular, trabajar, janguear, caminar, bañarse o comer sin pantalla.
  • Cuestiona la idealización romántica y la confusión entre amor, ansiedad y necesidad, pero no desarrolla una crítica social o cultural amplia.
  • El texto observa vínculos, atención, reciprocidad y carga emocional puesta sobre otra persona, pero desde una experiencia individual.
  • Hay una presencia menor de preguntas sobre valor propio, identidad y abandono de una misma, aunque no son el centro abstracto del texto.
  • Introduce el concepto de limerencia y lo distingue de amor, capricho u obsesión, aunque sin un análisis teórico extenso.
  • Hay algunas imágenes imaginativas como el celular-oráculo, el avatar o la mente produciendo películas, pero funcionan como recursos expresivos secundarios.
  • Aparece brevemente la idea de que no es justo convertir a otra persona en refugio o medicina, pero no organiza el texto.
  • No hay una reflexión filosófica sostenida sobre conceptos abstractos; las preguntas están ancladas en la experiencia personal.

Información sobre esta publicación

Algunos textos de Mentes Propias se publican de forma anónima. Estos textos pueden proceder de envíos de los usuarios o de contenidos editoriales propios de Mentes Propias.

Mentes Propias puede utilizar IA y otros sistemas automatizados para moderar, organizar, resumir, generar metadatos, analizar la composición del texto, crear imágenes, producir audio y preparar elementos de presentación o difusión. Estos procesos pueden cometer errores.

Algunos contenidos editoriales propios de Mentes Propias pueden ser creados o asistidos mediante herramientas de inteligencia artificial. Estos contenidos se publican con finalidad editorial o de dinamización y como cualquier otro contenido de la web, deben leerse como piezas de reflexión, no como testimonios reales garantizados ni como información verificada.

El contenido de Mentes Propias no constituye información verificada ni consejo médico, psicológico, legal, financiero, técnico o profesional. Mentes Propias no confirma necesariamente los hechos, no garantiza la exactitud del contenido y no tiene por qué compartir las opiniones publicadas.

Si preparas o compartes un fragmento de esta publicación, revisa antes el contenido, el contexto y las posibles citas, atribuciones o referencias a terceros. Mentes Propias facilita técnicamente la creación de fragmentos, pero cada persona es responsable del uso que haga del material fuera de la web.

Si detectas un problema legal, una atribución incorrecta, plagio, datos personales indebidos, contenido peligroso o cualquier infracción de las condiciones de uso, puedes utilizar el enlace de denuncia de la publicación o contactar con Mentes Propias.