Cuidarte, pero rendir más

14 de mayo de 2026

Exploración de la desconexión entre el discurso sobre salud mental en el trabajo y la realidad de las cargas laborales. Se cuestiona la sinceridad de las empresas al abordar el bienestar de sus empleados y la necesidad de un cambio real.

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El otro día en el laburo nos mandaron un correo con un asunto muy lindo: “Tu bienestar nos importa”. Lo abrí porque pensé que, capaz, venía algo concreto. No sé, menos carga, horarios más humanos, algún día libre después de semanas pesadas, algo que de verdad se notara. Pero no. Era una invitación a una charla por videollamada sobre manejo del estrés. Treinta minutos, obligatoria, en medio de la jornada, con una psicóloga hablando de respirar profundo, ordenar prioridades y aprender a poner límites. Yo la escuchaba con la cámara apagada, mientras respondía mensajes pendientes por otro lado, porque justo ese día tenía más cosas de las que podía hacer. Me dio una mezcla rara de risa y bronca. No con la psicóloga, pobre, que seguramente hacía su trabajo con la mejor intención. La bronca era con esa forma moderna de decirte “cuidate” mientras te siguen apretando igual. Como si el problema fuera que uno no sabe respirar, no que vive corriendo atrás de objetivos imposibles. En mi empresa ahora hablan mucho de salud mental. Hay carteles, frases motivadoras, newsletters, talleres, encuestas anónimas. Todo muy correcto, muy amable, muy de estos tiempos. Pero después, si decís que estás pasado, te miran como si fueras poco comprometido. Si no contestás fuera de hora, parece que no tenés actitud. Si pedís ayuda, te dicen que todos estamos en la misma. Si bajás el ritmo, enseguida alguien pregunta qué está pasando. Entonces, ¿qué bienestar es ese? A veces siento que la salud mental se volvió una decoración de oficina. Una planta de plástico al lado de la impresora. Queda bien, muestra sensibilidad, sirve para publicar algo en redes, pero no cambia el aire. Porque cuidar a la gente no es decirle que medite cinco minutos si después le cargás diez horas de ansiedad arriba. Cuidar también es revisar tareas, plazos, sueldos, jefes que tratan mal, reuniones inútiles, mensajes a cualquier hora, miedo a perder el puesto. Pero eso ya no suena tan lindo, claro. Eso toca la organización de verdad. Y ahí el discurso se vuelve más incómodo. Yo no quiero que las empresas dejen de hablar de salud mental. Ojalá hablen más. Pero que hablen en serio. Que no usen palabras buenas para tapar prácticas malas. Que no nos enseñen a relajarnos solo para aguantar mejor lo que nos rompe. Porque a veces parece que no quieren trabajadores sanos, quieren trabajadores que no se quejen. Y no es lo mismo. Yo puedo respirar profundo, sí. Puedo tomar agua, caminar un poco, apagar el celular cuando puedo. Pero también necesito que el lugar donde paso tantas horas no me trate como una máquina con emociones opcionales. Eso también sería bienestar. Y, sinceramente, sería bastante más útil que otro correo con una frase bonita.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento crítico · 31%
Predomina una crítica al discurso corporativo del bienestar cuando no modifica las condiciones reales de trabajo.
  • El texto cuestiona de forma sostenida la contradicción entre hablar de salud mental y mantener cargas, horarios y exigencias que generan malestar.
  • Observa dinámicas colectivas del mundo laboral: compromiso, ayuda, presión fuera de hora, miedo a perder el puesto y formas de convivencia en la empresa.
  • El texto insiste en la incoherencia entre palabras buenas y prácticas dañinas, y plantea una responsabilidad moral de las empresas hacia sus trabajadores.
  • Propone implícitamente otra forma de cuidar: revisar tareas, plazos, sueldos, jefaturas, reuniones y límites laborales reales.
  • Parte de una escena reconocible de oficina: un correo, una videollamada obligatoria, mensajes pendientes, carteles, newsletters y reuniones.
  • Aparecen emociones explícitas como bronca, risa amarga, ansiedad y cansancio, aunque no son el eje principal sino el motor de la crítica.
  • La voz en primera persona muestra saturación y malestar personal, pero la experiencia individual se usa sobre todo para pensar un problema laboral más amplio.
  • Hay análisis conceptual del lenguaje empresarial y de la diferencia entre cuidar y hacer rendir, pero sin un desarrollo teórico extenso.
  • Usa algunas imágenes expresivas, como la salud mental convertida en decoración de oficina o planta de plástico, pero la forma no domina el texto.
  • La reflexión no se centra en sentido de vida, muerte o identidad; solo roza la idea de cómo se vive el tiempo de trabajo.
  • Hay una pregunta general sobre qué significa realmente el bienestar, aunque tratada desde un caso concreto más que como abstracción filosófica.
  • No desarrolla escenarios imaginativos ni especulativos; se mantiene en una observación directa de la realidad laboral.

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