Yo no sé mucho de filosofías ni de libros de esos grandes, la verdad. Pero a veces siento que uno aquí en Nicaragua vive una filosofía sin estarla pensando. O sea, el día a día te va enseñando a la fuerza, y vos vas agarrando mañas y formas de ver la vida, aunque no lo digás bonito.
Por ejemplo, yo me levanto temprano porque si no, no da tiempo. No es porque sea “disciplinada” ni nada, es porque toca. Hago café, arreglo un poco, veo qué hay para el desayuno, y ya ahí empieza el asunto: ¿alcanza? ¿qué se puede hacer con lo que hay? Y así se va. A mí me parece que esa es la filosofía real: resolver.
Hay gente que dice “viví el presente” como si fuera fácil, como si fuera una frase para ponerla en una foto. Pero aquí vivir el presente es literal. Es ver si hay pasaje, si el bus viene lleno, si te mojás porque llueve de repente, si te sale trabajo hoy o no. Y si no sale, pues a ver qué inventás. No es que sea bonito, pero es la vida.
A veces me da risa cuando escucho a alguien hablando de “propósito” y “metas a cinco años”. Púchica, si yo a veces ni sé qué voy a cocinar mañana. No lo digo como queja, es solo que así es. Y a la vez, eso te hace como más duro por dentro, como que ya sabés que todo cambia. Un día estás bien, otro día no tanto. Entonces aprendés a no agrandarte cuando estás bien, ni a sentir que todo se acabó cuando estás mal.
También está eso de la gente. En el día a día uno aprende quién es quién. El vecino que te presta un chunche cuando se te arruina algo. La señora que te cuida al chavalito un ratito. El maje que solo aparece cuando necesita. Todo eso te va armando una idea de la vida, aunque nadie la escriba.
Yo no digo que esté mal soñar, claro que no. Pero a mí me parece que la filosofía de verdad es más sencilla: hacer lo que toca sin andar tanto drama. Si hoy podés ayudar a alguien, ayudás. Si hoy no se puede, pues no se puede. Si hoy te salió algo bueno, agradecés. Y si hoy te fue feo, respirás y seguís, porque detenerse no paga nada.
Tal vez suena simple, pero para mí esa es la cosa: el día a día te enseña a aguantar, a tener paciencia, a no creerte tanto, y a valorar lo poquito. No es poesía, es puro modo supervivencia, pero también tiene su lado tuani cuando lo pensás.
Yo no sé si eso cuenta como “filosofía”, pero yo siento que sí. Porque al final uno vive como piensa, y uno piensa como vive. Y mi vida, la verdad, es bien diaria.
