El humor es una cosa que está ahí, como que pasa, y ya, y a veces no pasa, y cuando pasa tampoco es que pase del todo porque depende, ¿no? porque uno dice “qué gracia” pero luego no, y también hay gente que se ríe y tú te quedas mirando como si te hubieras perdido el capítulo anterior, que igual lo has visto pero no te acuerdas, y entonces te ríes un poco tarde, o te ríes por educación, que eso también cuenta como humor aunque no sea humor, es más como… bueno, eso.
Yo creo que el humor sirve para cosas, pero no sé exactamente cuáles, porque sirve para romper el hielo, o para no romperlo, y para decir cosas serias sin decirlas, o para decirlas igual pero con un chiste al lado, como si el chiste fuera un paraguas que no tapa la lluvia pero te hace sentir que sí. Y luego está el humor ese que es como rápido, que te llega, y tú dices “ja”, y ya está, y al minuto ni te acuerdas, y eso también, o sea, es humor pero es como un caramelo, no alimenta, pero hace ruido en la boca.
Lo complicado es que el humor a veces depende del sitio, del día, de la cara de la persona, de lo que ha desayunado, de si has dormido, de si te han escrito un mensaje raro, y tú haces una broma y cae en el suelo, y nadie la recoge, y ahí el humor se queda como sin piernas, tirado, y tú piensas “igual no era tan bueno”, o igual sí, o igual da lo mismo.
Y además está lo de explicar un chiste, que dicen que si lo explicas se muere, pero yo no sé, porque hay chistes que ya nacen explicados, como esos que empiezan con “esto es como cuando…” y al final no era como cuando, era otra cosa, y te has perdido por el camino, y te ríes por cansancio. Y ya. El humor. Bueno. Eso.
