El que nada debe también puede incomodarse

29 de junio de 2026

Una reflexión sobre la entrega de datos personales en situaciones cotidianas y cómo la frase 'el que nada debe, nada teme' puede llevar a la complacencia. Se cuestiona la lógica detrás de la obediencia ciega a las demandas de seguridad.

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La portería del consultorio tenía un letrero impreso en hoja oficio: “Por seguridad, entregue su documento”. Así, con esa tranquilidad de frase que parece escrita por una institución y no por una persona. Yo iba a una cita que ya venía tarde, entonces saqué la cédula, la dejé en una bandejita plástica y recibí a cambio una ficha azul con un número. Negocio redondo: mi identidad por una tapa de gaseosa con pretensiones. El señor de seguridad fue amable, aclaro, porque uno ya aprendió a aclarar eso antes de decir cualquier cosa: nadie quiere quedar como el intenso que pelea con el portero. Mientras esperaba el ascensor, una señora detrás de mí preguntó si de verdad tenía que dejar la cédula. Alguien respondió, con esa sabiduría de fila que tanto nos gusta: “El que nada debe, nada teme”. Y ahí fue donde me quedé pensando, no porque la frase sea nueva, sino porque la usamos como si cerrara la discusión cuando más bien la deja coja. ¿Desde cuándo sentirse incómodo con entregar datos, papeles, fotos, huellas o explicaciones es señal de culpa? Esa lógica sirve para todo y por eso mismo debería darnos desconfianza. Si no debo nada, entonces entregue la maleta. Si no debo nada, entonces deje revisar el celular. Si no debo nada, entonces acepte que lo graben, que lo clasifiquen, que lo anoten en una planilla que nadie sabe dónde termina. Todo muy seguro, claro, hasta que uno pregunta quién cuida lo que le acaban de quitar. Ahí la seguridad se vuelve tímida. No digo que no haya controles, ni que todo sea una conspiración con carpetas negras y música de suspenso. Entiendo que hay edificios, turnos, responsabilidades, gente entrando y saliendo. Lo que me parece flojo es que hayamos convertido cualquier pregunta en mala actitud. Como si pedir una razón fuera sabotear la paz pública. Como si la confianza consistiera en obedecer rápido y con cara de buen ciudadano. Al salir, recuperé mi cédula sin drama, completa, plastificada y aburrida como siempre. Pero la frase se me quedó dando vueltas. Tal vez el problema no es tener algo que esconder, sino haber aceptado que cualquiera puede pedirnos cualquier cosa si le pone encima la palabra seguridad. Y si una palabra sirve para que dejemos de preguntar, pronto deja de protegernos y empieza a educarnos en silencio.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento crítico · 40%
El texto cuestiona la normalización de entregar datos personales bajo la excusa de la seguridad, partiendo de una escena cotidiana.
  • Es el eje principal: cuestiona la frase “el que nada debe, nada teme” y la obediencia automática ante controles presentados como seguridad.
  • La reflexión nace de una escena común: portería, consultorio, cédula, ascensor, fila y trámite de ingreso.
  • Observa normas de convivencia, vigilancia, instituciones, ciudadanía y comportamientos colectivos ante la seguridad.
  • Plantea límites sobre lo que es legítimo pedir, quién custodia lo entregado y cuándo la seguridad deja de proteger.
  • Tiene voz narrativa, ironía, imágenes como “tapa de gaseosa con pretensiones” y un cierre con tono elaborado.
  • Desarrolla una argumentación conceptual sobre datos, control, seguridad y responsabilidad institucional.
  • Rozan preguntas abstractas sobre confianza, obediencia, seguridad y libertad, aunque desde un caso concreto.
  • Sugiere la necesidad de seguir preguntando y no aceptar cualquier control, pero no desarrolla una alternativa amplia.
  • Aparece apenas en la incomodidad y la ironía del narrador, pero los sentimientos no organizan el texto.
  • Hay una primera persona que registra una incomodidad personal, aunque no se centra en vulnerabilidad ni vida interior profunda.
  • No aborda sentido de vida, muerte, finitud ni identidad en clave existencial.
  • No propone mundos alternativos ni escenarios especulativos; usa una situación realista y reconocible.

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