No sé explicar bien esta clase de tristeza porque ni siquiera tiene recuerdos de verdad. No viene de algo que pasó. Viene de algo que no pasó y, peor todavía, de algo que yo creía que sí iba a pasar.
A veces me da nostalgia de una vida que nunca tuve.
De la ciudad a la que según yo me iba a mudar. Del trabajo que imaginé que me iba a cambiar por dentro. De la pareja con la que, en algún momento, pensé que iba a compartir ciertos domingos, ciertas compras, cierta rutina. Me da nostalgia incluso de versiones de mí que nunca llegaron a nacer, pero que durante años vivieron en mi cabeza como si ya estuvieran apartadas en el futuro.
Supongo que crecer también es asistir al funeral de muchas personas que uno iba a ser.
No hablo desde el drama. No siento que todo haya salido mal. Mi vida real tiene cosas valiosas, momentos buenos, vínculos verdaderos. Pero eso no cancela la otra sensación: la de mirar atrás y notar que durante mucho tiempo caminé acompañado por fantasmas de porvenir. Proyectos imaginarios. Escenas que parecían inevitables. Destinos que yo traté como si solo necesitaran tiempo.
Y luego el tiempo pasó, pero no hacia allá.
Fue raro darme cuenta.
Nadie te avisa cuándo dejas de estar “en camino” hacia una posibilidad y empiezas, en realidad, a alejarte de ella. Eso ocurre en silencio. Un año no haces cierta llamada. Otro año ya no ahorras para aquella idea. Otro más y descubres que ya ni siquiera hablas como la persona que pensaba vivir esa vida.
Entonces algo se enfría.
No siempre se rompe. A veces solo se vuelve improbable, y con eso alcanza para doler.
Creo que por eso hay duelos tan difíciles de nombrar. Porque no se llora solo lo que se pierde; también se llora lo que nunca llega a nacer. Y esos duelos, como no tienen acta ni entierro, quedan flotando. Uno sigue funcionando, trabajando, respondiendo mensajes, pagando cosas, pero con una parte de sí mismo mirando de reojo una puerta que ya no va a abrirse.
Yo he sentido eso. Y me ha costado admitirlo porque suena caprichoso. ¿Cómo vas a extrañar algo que ni siquiera existió? Pues no sé. Pero pasa.
Pasa cuando una promesa privada se va deshaciendo sin hacer ruido.
