En casi todos los grupos humanos hay una escena que se repite: todos sienten algo, varios lo intuyen, alguno lo sufre con claridad, pero nadie lo nombra. Y como nadie lo nombra, el clima sigue ahí, intacto, gobernando la situación como un rey invisible.
Me obsesiona ese poder del silencio compartido.
No el silencio íntimo, el bueno, el que cuida. Hablo del otro: del silencio cobarde, funcional, estratégico. Ese que no aparece porque falten palabras, sino porque decirlas alteraría una paz que en realidad ya estaba rota.
Lo he visto en familias, en trabajos, en amistades, en grupos políticos, en parejas, incluso en conversaciones casuales. Todos saben que cierta persona humilla. Todos saben que alguien está quedando afuera. Todos saben que tal dinámica es abusiva, que tal chiste hiere, que tal decisión favorece siempre a los mismos. Pero la maquinaria sigue andando porque el primer gesto de honestidad cuesta demasiado.
Decir algo primero es carísimo.
El que rompe el silencio se arriesga a parecer exagerado, conflictivo, susceptible, traidor, dramático o inoportuno. Y como nadie quiere pagar ese precio, el silencio se vuelve una especie de moneda común. No resuelve nada, pero distribuye el miedo de forma bastante eficiente.
Yo durante años confundí callarme con ser prudente.
A veces lo era. Muchas otras, no. Muchas otras solamente estaba administrando mi incomodidad para no quedar mal. Y eso tiene un costo. Porque lo no dicho no desaparece: se acumula. Se vuelve atmósfera. Después uno no sabe por qué cierto grupo asfixia, por qué una casa cansa, por qué una reunión deja una resaca rara. Bueno, a veces es por eso. Porque hay una verdad sentada en el medio y todos están actuando alrededor de ella.
Qué desgaste.
Nombrar algo no siempre arregla las cosas, claro. A veces incluso las empeora antes. Pero cada vez creo más que una vida entera organizada alrededor de silencios convenientes termina deformando a quienes la habitan. Uno ya no solo calla: aprende a no pensar del todo lo que calla.
Y ahí empieza el verdadero problema.
