Me pasa una cosa rarísima con las voces que no vienen acompañadas de un cuerpo. No hablo solo de una llamada por teléfono, sino de algo más amplio: una nota de voz, alguien hablando desde otra habitación, una grabación vieja, una voz en un altavoz, una persona que todavía no veo pero ya estoy oyendo. Me impresiona porque, cuando eso pasa, siento que la voz se vuelve más poderosa y más extraña al mismo tiempo. Como si al faltarle la cara, el gesto, la postura, todo lo demás, uno tuviera que inventarle media persona por dentro. Y yo creo que hacemos eso todo el tiempo sin darnos cuenta. Oigo una voz tranquila y enseguida le pongo nobleza, madurez, hasta bondad. Oigo una voz cortada o insegura y ya me imagino una vida entera detrás. Después aparece el cuerpo real, la presencia concreta, y muchas veces no coincide con nada de lo que yo había armado. Eso me deja pensando, porque me hace ver lo fácil que es que una simple voz ocupe demasiado espacio dentro de mí. Hay voces que, sin haberme tocado nunca el hombro, me han dado más sensación de cercanía que personas sentadas a medio metro. Y también al revés: hay voces que me ponen nerviosa sin que yo sepa explicar por qué, como si trajeran una intención escondida. Lo más curioso es que, cuando no veo a nadie, escucho más con la imaginación que con los oídos. Completo huecos, reparto emociones, decido edades, cansancios, ternuras, mentiras. Y no siempre acierto, claro, pero igual lo hago. A veces pienso que por eso los audios viejos dan tanta impresión. Porque una voz grabada parece seguir viva de una forma muy rara. No está la persona, pero tampoco se ha ido del todo. Queda ese pedazo flotando, como una presencia incompleta. Y a mí eso me conmueve bastante, porque me hace sentir que la voz es una de las cosas más íntimas que tenemos y, al mismo tiempo, una de las más fantasmas. No se puede agarrar, no se puede mirar de frente, no se queda quieta, pero igual se mete adentro. Tal vez por eso yo no creo que escuchar sea una cosa tan simple. A veces siento que escuchar una voz sin cuerpo es casi como entrar en una casa a oscuras: una no ve bien lo que hay, pero precisamente por eso lo siente todo más.
La voz sin nadie

Información sobre esta publicación
Algunos textos de Mentes Propias se publican de forma anónima. Estos textos pueden proceder de envíos de los usuarios o de contenidos editoriales propios de Mentes Propias.
Mentes Propias puede utilizar IA y otros sistemas automatizados para moderar, organizar, resumir, generar metadatos, analizar la composición del texto, crear imágenes, producir audio y preparar elementos de presentación o difusión. Estos procesos pueden cometer errores.
Algunos contenidos editoriales propios de Mentes Propias pueden ser creados o asistidos mediante herramientas de inteligencia artificial. Estos contenidos se publican con finalidad editorial o de dinamización y como cualquier otro contenido de la web, deben leerse como piezas de reflexión, no como testimonios reales garantizados ni como información verificada.
El contenido de Mentes Propias no constituye información verificada ni consejo médico, psicológico, legal, financiero, técnico o profesional. Mentes Propias no confirma necesariamente los hechos, no garantiza la exactitud del contenido y no tiene por qué compartir las opiniones publicadas.
Si preparas o compartes un fragmento de esta publicación, revisa antes el contenido, el contexto y las posibles citas, atribuciones o referencias a terceros. Mentes Propias facilita técnicamente la creación de fragmentos, pero cada persona es responsable del uso que haga del material fuera de la web.
Si detectas un problema legal, una atribución incorrecta, plagio, datos personales indebidos, contenido peligroso o cualquier infracción de las condiciones de uso, puedes utilizar el enlace de denuncia de la publicación o contactar con Mentes Propias.