Lo de tener buena presencia me hace ruido

20 de junio de 2026

Explora la presión social que implica tener buena presencia en el ámbito laboral y cómo esta evaluación puede ser injusta. Se cuestiona la idea de que la apariencia determina la capacidad y la responsabilidad de una persona.

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En la recepción de un edificio de oficinas vi a un guardia mirar de arriba abajo a un cabro que venía a dejar un currículum. No fue un gesto escandaloso, ni una escena para armar pelea. Fue más chico que eso: una pausa, una ceja, la pregunta por el piso dicha con menos paciencia que al señor de camisa planchada que llegó después. El cabro traía zapatillas gastadas, una carpeta transparente doblada en una punta y el pelo mojado, probablemente por la llovizna. Ahí apareció de nuevo esa frase que se usa tanto y que parece inocente: “hay que tener buena presencia”. La he escuchado en pegas, en colegios, en comentarios de familia, en consejos para entrevistas, incluso en tono cariñoso, como si fuera puro sentido común. Pero mientras más la oigo, más me cuesta creer que sea solo una invitación a estar limpio o ordenado.

Porque si fuera eso, bastaría decirlo así, con palabras simples. Buena presencia, en cambio, suele traer escondida una medida social bastante precisa: cierto corte de pelo, cierta ropa, cierta forma de hablar, cierta seguridad corporal que no se aprende en un día y que no se compra con ganas. Decimos que queremos esfuerzo, pero a veces evaluamos primero si la persona sabe parecerse a lo que ya aceptamos. Y lo complicado es que esa evaluación se disfraza de criterio neutral, como si mirar la apariencia fuera una forma rápida y justa de saber quién es responsable, confiable o “adecuado”. Capaz no lo hacemos con mala intención, pero igual lo hacemos. Y cuando algo se repite tanto sin mala intención, quizás conviene mirarlo con más cuidado, no con menos.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento crítico · 38%
El texto cuestiona críticamente la idea aparentemente neutral de “buena presencia” como filtro social encubierto.
  • El eje es desmontar una frase normalizada y mostrar sus contradicciones: se presenta como sentido común, pero opera como criterio social de exclusión.
  • Observa cómo la apariencia, la clase, el habla y la seguridad corporal influyen en la convivencia y en las oportunidades laborales.
  • Parte de una escena común en una recepción de oficinas y menciona entrevistas, colegios, familia y consejos laborales.
  • Plantea una preocupación por la justicia del juicio sobre las personas y por la responsabilidad de repetir filtros discriminatorios sin mala intención.
  • Hay análisis conceptual sobre cómo una expresión funciona como criterio aparentemente neutral, aunque sin desarrollo teórico extenso.
  • Usa una escena concreta, detalles visuales y una voz cuidada para sostener la reflexión, aunque la forma literaria no domina.
  • Sugiere mirar con más cuidado esa práctica repetida, pero no desarrolla una alternativa amplia de cambio.
  • Hay una leve incomodidad expresada en el título y en el tono, pero los sentimientos no organizan el texto.
  • No predomina una confesión personal ni una exploración vulnerable de la vida interior del autor.
  • No aborda sentido de vida, muerte, identidad profunda ni finitud.
  • No propone escenarios imaginativos ni una mirada especulativa; se mantiene en observación social realista.
  • No trabaja grandes preguntas abstractas de forma central; la reflexión es más social y crítica que filosófica.

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