Me cansé de vivir “conectado”: el día que apagué todo y no pasó nada

26 de enero de 2026

Este relato aborda la desconexión digital y el impacto del uso excesivo del celular en la vida cotidiana. Se analizan las urgencias artificiales y la búsqueda de un equilibrio en la relación con la tecnología, resaltando la importancia de momentos de silencio y reflexión.

ESCUCHA ESTA PUBLICACIÓN

Che, no sé en qué momento se me fue la mano, pero un día me di cuenta de que yo no “usaba” el celu: el celu me usaba a mí. Y no lo digo como frase de Instagram, lo digo posta. Me levantaba y lo primero era mirar mensajes. Después, mientras me hacía el mate, notificaciones. En el laburo, pestañas abiertas. En el bondi, más scroll. A la noche, “solo cinco minutos” y terminaba durmiéndome con la pantalla en la cara. Una máquina.

Lo peor es que ni siquiera era para algo importante. No es que estuviera salvando el mundo o aprendiendo chino mandarín. Era ver cosas. Cosas de otros. Opiniones. Noticias que te dejan con el cuerpo tenso. Videos graciosos que al minuto ya te olvidaste. Y así, día tras día, con la sensación de estar al día… pero por dentro, medio vacío.

La semana pasada me pasó una boludez que me hizo clic. Estaba esperando una respuesta de alguien (nada grave, un tema de organización), y como no contestaba, yo entraba a ver si estaba “en línea”, si había leído, si subió historia, si se conectó… un papelón. Me vi desde afuera y dije: “che, ¿qué estoy haciendo?”. Era como estar parado en la puerta de la casa de alguien, mirando por la ventana a ver si se movía. Un asco.

Entonces hice algo bastante simple: apagué las notificaciones de casi todo. Y el domingo, encima, dejé el celu en un cajón un rato largo. No fue un retiro espiritual ni nada místico, fue literal: lo guardé y me fui a barrer el balcón, a ordenar un par de cosas, a cocinar algo sin apuro. Y en el medio me agarraban impulsos raros, como mini ansiedad. La mano iba sola hacia el bolsillo. Te juro que me dio vergüenza. ¿Tan entrenado estaba?

Pero después… pasó algo re común, pero para mí fue enorme: no pasó nada. Nadie murió porque yo no respondí al toque. El mundo siguió. Los mensajes llegaron igual. La gente que me quiere, me quiere igual. Y lo que no era importante, se desinfló solo. Me di cuenta de que un montón de urgencias son de mentira. Son urgencias que se inventan para que uno no suelte el aparato.

Obvio, tampoco me voy a hacer el héroe. A la noche volví a agarrarlo y me clavé mirando pavadas, sí. Pero hubo un momento en que sentí el silencio, como cuando se corta un ruido constante que ya ni registrabas. Me acordé de cosas que hacía antes: escuchar un tema entero sin saltear, leer dos páginas sin mirar otra cosa, quedarme pensando sin necesidad de compartirlo. Me sentí medio abuelo diciendo esto, pero bueno, es lo que hay.

Lo que me da bronca es que uno siempre se culpa a sí mismo: “tenés poca fuerza de voluntad”. Y puede ser. Pero también está armado para engancharte. No es casualidad que te tiren colores, alertas, numeritos rojos, “tu resumen”, “te perdiste esto”. Es un mercado de atención, y tu cabeza es el producto. Así de simple.

No sé si voy a lograr un equilibrio perfecto. Capaz mañana recaigo y me paso dos horas viendo cualquier cosa. Pero por lo menos ahora lo vi. Y con eso ya me alcanza por hoy: saber que puedo apagarlo, guardar el celu, y que mi vida sigue. Y, che… hasta un poco mejor.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento cotidiano · 24%
Predomina una reflexión cotidiana sobre el uso del celular, combinada con crítica a la economía de la atención y una vivencia íntima de ansiedad, vergüenza y alivio.
  • El texto se construye desde escenas comunes: levantarse, tomar mate, ir en bondi, trabajar, barrer el balcón, cocinar y mirar el celular.
  • Cuestiona la conexión permanente, las falsas urgencias, las notificaciones y el diseño de plataformas para capturar atención.
  • El narrador expone una contradicción personal: sentirse usado por el celular, revisar compulsivamente y reconocer su dependencia.
  • Aparecen sensaciones de vacío, ansiedad, vergüenza, bronca y alivio, aunque no son el único eje del texto.
  • Observa hábitos compartidos de comunicación, disponibilidad permanente, mensajes, redes y vínculos mediados por el celular.
  • Propone un cambio práctico: apagar notificaciones, guardar el teléfono y recuperar espacios de atención y calma.
  • Usa una voz narrativa coloquial, escenas concretas, ritmo oral e imágenes reconocibles para sostener la reflexión.
  • Incluye una idea analítica sobre el mercado de la atención y la cabeza como producto, pero de forma breve.
  • Hay una mención leve a recuperar la propia vida y el silencio, pero no desarrolla grandes preguntas sobre sentido o identidad.
  • No hay un desarrollo imaginativo fuerte; solo alguna comparación expresiva, como mirar por la ventana de alguien.
  • Apenas roza la responsabilidad personal y la culpa por la falta de voluntad, sin convertirlo en dilema moral central.
  • No trabaja conceptos abstractos de manera sostenida ni formula una reflexión filosófica central.

Información sobre esta publicación

Algunos textos de Mentes Propias se publican de forma anónima. Estos textos pueden proceder de envíos de los usuarios o de contenidos editoriales propios de Mentes Propias.

Mentes Propias puede utilizar IA y otros sistemas automatizados para moderar, organizar, resumir, generar metadatos, analizar la composición del texto, crear imágenes, producir audio y preparar elementos de presentación o difusión. Estos procesos pueden cometer errores.

Algunos contenidos editoriales propios de Mentes Propias pueden ser creados o asistidos mediante herramientas de inteligencia artificial. Estos contenidos se publican con finalidad editorial o de dinamización y como cualquier otro contenido de la web, deben leerse como piezas de reflexión, no como testimonios reales garantizados ni como información verificada.

El contenido de Mentes Propias no constituye información verificada ni consejo médico, psicológico, legal, financiero, técnico o profesional. Mentes Propias no confirma necesariamente los hechos, no garantiza la exactitud del contenido y no tiene por qué compartir las opiniones publicadas.

Si preparas o compartes un fragmento de esta publicación, revisa antes el contenido, el contexto y las posibles citas, atribuciones o referencias a terceros. Mentes Propias facilita técnicamente la creación de fragmentos, pero cada persona es responsable del uso que haga del material fuera de la web.

Si detectas un problema legal, una atribución incorrecta, plagio, datos personales indebidos, contenido peligroso o cualquier infracción de las condiciones de uso, puedes utilizar el enlace de denuncia de la publicación o contactar con Mentes Propias.