Cumplí una edad redonda hace poco y nadie hizo un gran asunto. Una torta chica, llamadas, unos mensajes simpáticos, la pega al día siguiente como siempre.
- Lo raro vino después, no durante la celebración: una sensación de estar parado en una estación que no conozco, con el boleto en la mano, mirando si este era el lugar donde supuestamente tenía que bajarme…
- La edad no me calza como antes.
- De cabro pensaba que los adultos tenían una forma definida, como si uno llegara a los treinta y tantos o cuarenta y tantos con una respuesta instalada.
- Ahora miro mi pieza, mi agenda, mis conversaciones, y sigo encontrando dudas bien básicas: qué quiero sostener, qué dejé morir sin darme cuenta, cuánto de lo que hago es elección y cuánto es pura inercia…
Me incomoda que el tiempo ya no parezca infinito. No es que ande pensando en tragedias, pero hay una cuenta silenciosa. Los veranos pasan más rápido. Las fotos familiares empiezan a tener ausencias. Los papás envejecen de golpe, o uno recién lo nota. Los amigos se van repartiendo entre comunas, países, separaciones, guaguas, cansancios. Y uno sigue diciendo “después nos vemos”, como si después fuera una bodega sin fondo… No sé bien qué significa pertenecer. Tengo gente que quiero, tengo lugares conocidos, tengo rutinas que me ordenan. Igual, a ratos, siento que estoy de visita en todas partes. En la oficina soy una versión práctica de mí. En la familia soy otra, más antigua. Con mis amigos aparece alguien más liviano. ¿Cuál de todos soy cuando se apaga el ruido? ¿O uno es justamente esa mezcla, aunque no tenga una cara única?.. Me da pudor hablar de sentido. Suena grande, casi pretencioso, y uno en Chile aprende rápido a no ponerse tan solemne. Pero la pregunta igual aparece mientras lavo un plato o espero la micro: ¿esto va hacia alguna parte o solo estoy cumpliendo tramos? No quiero una revelación. Me bastaría con sentir que mis días no se me escurren enteros por estar tratando de llegar a fin de mes, responder correos y no fallarle a nadie… También me pregunto qué estoy perdiendo por cuidarme tanto. He sido correcto, responsable, prudente. Eso me ha salvado de varios problemas. Pero a veces la prudencia se parece demasiado al miedo. Miedo a cambiar de rumbo, a decir lo que de verdad pienso, a empezar tarde, a quedar como alguien que no supo armar su vida a tiempo… No tengo una conclusión firme. Quizás solo quería dejar anotado que crecer no siempre se siente como avanzar. A veces se parece más a mirar alrededor con calma y aceptar que uno no era el adulto que imaginó, pero igual tiene que vivir desde aquí, con lo que entiende y con lo que todavía no.
