Te juro que esto me da un poco de vergüenza escribirlo, pero capaz a alguien le sirve. Últimamente me agarra una ansiedad rara cuando veo a gente hablando de plata en redes: que “compré esto”, que “invertí en aquello”, que “si no lo hacés ahora, te quedás afuera”. Y yo, que ni soy experto ni tengo una fortuna, me siento como el último del curso. Como si estuviera llegando tarde a una clase que ya empezó hace rato.
A eso le dicen FOMO, el miedo a perderte algo. Pero cuando se mezcla con plata, se vuelve más bravo: no solo te da ganas de participar, te da ganas de recuperar el tiempo perdido de golpe. Y ahí es donde uno puede hacer macanas.
Mi idea central es esta: el FOMO financiero no te roba solo dinero, te roba criterio. Porque en vez de preguntarte “¿esto es para mí?”, te preguntás “¿qué están haciendo los demás?”. Y esa es la puerta para endeudarte por pertenecer. Por no sentirte menos. Por no quedarte atrás.
A mí me pasó con cosas simples. No hablo de millones. Hablo de compras “inteligentes” que no necesitaba, suscripciones que suman, y un par de decisiones apuradas que después me dejaron con un nudo en el estómago. Y lo peor es que, mientras lo hacía, yo me sentía responsable. “Estoy pensando en el futuro”, me decía. Pero en el fondo era miedo, no planificación.
Entonces me inventé una regla chiquita, de barrio: si me apuran, no compro. Si el mensaje viene con reloj (“última oportunidad”, “solo hoy”, “sube mañana”), yo paro. Respiro. Me doy 24 horas. Si en 24 horas sigue teniendo sentido, lo miro de nuevo. Si no, era ansiedad disfrazada.
Otra cosa que me ayuda es hablarlo con alguien tranquilo, no con un gurú. Un amigo que me diga “¿y vos para qué querés eso?”. Esa pregunta simple me aterriza. Porque a veces uno quiere inversión, pero lo que necesita es orden: saber cuánto entra, cuánto sale, qué deudas pesan, qué meta es real.
No tengo una moraleja perfecta. Solo esto: capaz la verdadera riqueza no es acertar siempre, sino no jugar un juego que no entendés solo para no sentirte afuera. Y sí, che, quedarse afuera a veces también es una forma de cuidarse.
