Ser “informado” me estaba enfermando

4 de marzo de 2026

Explora cómo la sobrecarga de información impacta la salud mental y la necesidad de practicar la ignorancia selectiva. Se sugiere un enfoque consciente para elegir fuentes de información y priorizar el bienestar personal, promoviendo una vida más plena y presente.

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A mí me pasa algo bien raro: cuando más “me informo”, más bruto me siento. No por falta de capacidad, sino porque mi cabeza empieza a sonar como combi en hora punta: bocinas, gritos, un vendedor ofreciendo algo, y yo tratando de no perder la billetera… pero con noticias.

Antes yo tenía una idea medio romántica: estar al día era ser responsable. Como que si no opinabas de todo, eras un flojo. Y ahí me ves, pues: abro el celular para ver la hora y, sin darme cuenta, ya estoy leyendo tres crisis, dos peleas, un hilo larguísimo y un video de alguien indignadísimo por algo que pasó “hace 5 minutos”. Y mi cuerpo, bien gracias: el corazón apuradito, la mandíbula apretada, y esa sensación de “me falta algo” que no se va.

Lo más loco es que la sobrecarga no solo es cantidad: es la obligación de reaccionar. Como si cada cosa que aparece te cobrara peaje: “¿y tú qué piensas?”. Y si no piensas rápido, te sientes desubicado. Yo he caído en eso de querer tener postura para todo, como si mi opinión fuera un documento que debo presentar. Y al final termino agotado, peleándome mentalmente con gente que ni conozco.

Un día hice algo que suena mal, pero me alivió: empecé a practicar la ignorancia selectiva. No “hacerme el loco” con el mundo, sino escoger. Como cuando vas al mercado y no compras todo porque sí; compras lo que te alimenta de verdad. Puse horarios para informarme, elegí pocas fuentes, y lo demás… lo dejé pasar sin culpa. Al comienzo me sentía irresponsable. Luego entendí que mi atención también es una chamba, y si la regalo, me quedo sin energía para lo único que sí puedo cambiar: mi casa, mi gente, mi día.

Ahora, cuando siento ese jalón de revisar todo, me pregunto: “¿Esto me sirve para vivir mejor o solo para sentir que existo?”. Y ahí recién decido. Porque, sinceramente, no quiero ser una persona “enterada” pero vacía. Prefiero saber menos y estar más presente. Más humano, menos antena.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento crítico · 18%
Texto mixto de reflexión personal que cuestiona la obligación de estar informado y propone una gestión más selectiva de la atención.
  • Cuestiona la idea aceptada de que estar al día y opinar de todo equivale a ser responsable.
  • La voz parte de una experiencia personal vulnerable: sentirse bruto, apurado, saturado y vacío.
  • Propone una alternativa práctica: ignorancia selectiva, horarios, pocas fuentes y cuidado de la atención.
  • Usa escenas reconocibles como mirar el celular, ir al mercado, la casa, la gente cercana y el día a día.
  • Aparecen ansiedad, agotamiento, culpa y alivio vinculados al consumo constante de noticias.
  • Observa presiones colectivas de opinión, indignación pública, noticias y convivencia mediada por redes.
  • Incluye preguntas sobre vivir mejor, sentirse existente, estar presente y no quedar vacío.
  • La forma tiene voz coloquial, ritmo narrativo e imágenes expresivas para desarrollar la idea.
  • Emplea comparaciones imaginativas como la cabeza sonando como combi o ser menos antena.
  • Analiza conceptos como sobrecarga informativa, atención y obligación de reaccionar, aunque desde un registro personal.
  • Hay una reflexión mínima sobre presencia, humanidad y relación con el conocimiento, pero no es abstracta ni central.
  • Aparece de forma leve la tensión entre responsabilidad, culpa e irresponsabilidad al decidir cuánto informarse.

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