No sé muy bien cómo empezar esto, pero lo voy a escribir así como me salga porque a veces uno solo necesita desahogarse. Yo soy hispano en Estados Unidos, o sea latino, como le dicen aquí, y la verdad la vida acá es rara. Hay cosas buenas y cosas malas, como en todos lados, pero acá todo se siente como rápido, como que si no estás en “modo hustle” te quedás atrás. Y sí, suena cliché, pero así se siente.
Yo vine (o mi familia vino) buscando una vida mejor, porque eso es lo que hacemos, ¿no? El famoso sueño americano. Y pues sí, hay trabajo, hay dinero, hay cosas, pero también hay estrés. Mucho estrés. Aquí se trabaja un montón. A veces dos trabajos. A veces tres. Y la gente lo ve normal. Y uno también lo termina viendo normal, aunque no sea normal.
Yo conozco gente que dice “aquí sí se progresa si le echás ganas”, y sí, supongo, pero también hay gente que le echa ganas y igual no sale. Porque la renta está cara, la comida está cara, el carro, el seguro, todo. Todo cuesta. Y cuando algo no cuesta dinero, cuesta tiempo. Y el tiempo aquí es como oro, like for real. Siempre hay que estar en algo: trabajando, manejando, haciendo trámites, pagando cuentas.
A veces me pongo a pensar que acá uno vive para pagar. Pagás la renta, pagás el celular, pagás el seguro, pagás taxes, pagás todo. Y cuando terminás de pagar, ya es lunes otra vez. Y te toca seguir. Y no estoy diciendo que sea lo peor del mundo, porque también hay oportunidades, pero es como una rueda que no para.
Además, está lo de ser latino. Hay orgullo y también hay cansancio. Orgullo porque uno viene de familias que se sacrifican, que trabajan duro, que mandan dinero para ayudar, que no se rinden. Pero cansancio porque a veces te toca probar el doble que sos capaz. Y no siempre es que alguien te diga algo directo, a veces es solo la vibra. Como cuando entrás a un lugar y sentís que te miran distinto. O cuando hablás con acento y te piden que repitas. O cuando te dicen “where are you really from?” y vos decís “bro, I’m from here”.
Yo hablo español con mi familia y en el trabajo hablo inglés, y a veces se me mezclan las palabras y me da risa. Pero también me pasa que siento que no soy de ningún lado al 100%. En la casa me dicen que ya hablo “pocho” o “spanglish”, y afuera a veces me ven como “el latino”. Entonces quedás como en medio. Y ya sé que eso lo han dicho mil veces, pero igual lo siento. Es como estar siempre traduciendo: palabras, ideas, chistes, todo.
También están las redes sociales. Uno ve TikTok, Instagram, y todo el mundo parece que está viviendo la vida top: viajes, carros, ropa, dinero. Y uno está comiendo cereal a las 11 pm porque mañana hay que madrugar. Y decís “ok, nice”, pero por dentro te da como bajón. Y después te volvés a motivar con un video que dice “no te rindas” y al rato se te pasa. Y así, ciclo.
A veces pienso que la comunidad latina acá se divide en dos: los que están full en la cultura americana y ya casi no hablan español, y los que se quedan solo con la cultura de allá y no se mezclan. Y yo ando entre los dos, dependiendo del día. Un día me siento súper americano, otro día pongo música de mi país y me da nostalgia y me siento como que quiero irme, pero luego me acuerdo que allá también sería difícil. Entonces me quedo. Aquí.
Y lo que más pesa es la familia. Porque la familia lo es todo, pero también te mete presión. “Tenés que salir adelante.” “Tenés que ser alguien.” “Tenés que aprovechar.” Y vos decís sí, sí, sí… pero a veces solo querés descansar. A veces solo querés existir sin tener que demostrar nada. Pero aquí es como que si descansás, te sentís culpable. Y eso es horrible, pero pasa.
No sé si esto tiene una enseñanza. La verdad no. Solo es lo que veo. Ser hispano en Estados Unidos es estar siempre comparando: allá vs aquí, antes vs ahora, lo que teníamos vs lo que tenemos. Y al final te das cuenta que la vida no es perfecta en ningún lado. Solo cambia el tipo de problemas.
Yo a veces digo “cuando tenga más dinero voy a estar tranquilo”, pero después veo a gente con dinero y también están estresados. Entonces no sé. Tal vez la tranquilidad no se compra, o tal vez sí, no sé. Solo sé que quiero un día donde no tenga que correr, donde no tenga que pensar en bills, donde pueda estar con mi gente sin estar viendo el reloj.
En fin, supongo que mi punto (si es que hay punto) es que aquí uno sigue. Uno se adapta. Uno se hace fuerte. O por lo menos eso decimos. Porque si no, ¿qué queda? Queda seguir. Queda trabajar. Queda hacer lo que se puede.
Y ya. Eso es todo. Gracias por leer si llegaste hasta aquí. #Latino #USA #LaLucha #BendecidoPeroCansado
