No sé si esto le pasa a más gente, pero a mí me dejó pensando todo el día. Anoche soñé… y el sueño era en inglés. O sea, yo estaba ahí, como siempre, en una escena medio absurda (creo que era un pasillo larguísimo, como de escuela), y de pronto alguien me hablaba y yo le contestaba en inglés, normal, como si nada. Y lo peor: en el sueño no me costaba. No estaba traduciendo en mi cabeza ni buscando palabras. Salía.
Me levanté y lo primero que hice fue reírme, como “qué loco”, pero después me dio como una sensación rara, no sé si tristeza o solo sorpresa. Porque yo en el día a día sí hablo inglés, obvio, en el trabajo, en el supermercado, en el “customer service” de todo… pero en mi cabeza, cuando estoy solo, cuando me quejo, cuando me acuerdo de mi abuela o cuando me entra el miedo, siempre he sido de pensar en español. Y de repente mi sueño, que se supone que es lo más mío, me salió bilingüe.
Capaz suena exagerado, pero me pegó por el lado de identidad. Como que uno cree que se muda de país, pero se trae su “yo” en la maleta y ya. Y no. El “yo” también se adapta, se mezcla, se defiende, cambia de forma. A veces lo noto en cosas pequeñas: digo “aplicar” para un trabajo, “parquear” el carro, “textear” en vez de mandar un mensaje, “chequear” en vez de revisar. Me sale automático, y cuando hablo con mi mamá por teléfono me corrijo a media frase. Me da pena, como si estuviera traicionando el idioma, ¿sabés? Pero no es traición: es supervivencia y costumbre.
Lo de los sueños me hizo preguntar otra cosa: ¿en qué idioma se sueña la nostalgia? Porque yo extraño cosas bien específicas, no solo “mi país” en general. Extraño el ruido de mi colonia, las conversaciones en la cocina, el olor de cierta comida, el chisme de tías, esas palabras que solo allá tienen sentido. Y eso, por más que uno aprenda inglés perfecto, no cabe igual. Hay palabras que no tienen traducción, o sí tienen, pero no te hacen lo mismo en el pecho.
Y aun así, ahí estaba yo, soñando en inglés como si fuera lo más normal. Me da risa porque, mientras despierto, a mí me cuesta pedir algo en un restaurante si el mesero habla rápido. Y en el sueño yo estaba suelto, hablando fluido, hasta discutiendo (creo). O sea que mi cabeza sí puede… pero cuando estoy despierto me entra el nervio, el acento, el miedo a sonar tonto. Qué injusto.
No tengo una gran conclusión. Solo quería dejarlo escrito porque me hizo sentir dos cosas al mismo tiempo: orgullo, porque mira vos, mi mente está aprendiendo de verdad; y también un poquito de duelo, porque algo de mí se está moviendo de lugar, aunque sea despacito. Capaz mañana vuelvo a soñar en español y ya. Pero hoy me quedó claro que uno no solo cambia de dirección y zip code. A veces también cambia el idioma del sueño. Y eso… como que te lo confirma sin pedir permiso.
