“Voy llegando” (y aún estoy en casa): mini guía cutre para no ir tarde

18 de enero de 2026

Explora la lucha diaria contra la impuntualidad con trucos sencillos y reflexiones sobre el tiempo. Se ofrecen consejos prácticos para mejorar la organización personal y evitar excusas comunes que nos hacen llegar tarde, buscando un equilibrio en la puntualidad.

ESCUCHA ESTA PUBLICACIÓN

Dicen que “el tiempo es oro” (refrán popular) y, vale, supongo que sí. Pero luego te levantas, miras el móvil “un segundo” y ya vas tarde. Y lo peor no es ir tarde, es el teatro que montamos alrededor: el “ya salgo”, el “estoy aparcando”, el “me pilló el atasco”, como si la vida fuera un justificante permanente.

A mí me pasa bastante, la verdad. Y como no tengo una teoría profunda ni nada, solo tengo una mezcla de excusas y trucos medio obvios que a veces funcionan y a veces no. Por ejemplo: poner alarmas. Muchas. Una para despertarme, otra para “deberías ducharte”, otra para “deberías salir”. Es un poco ridículo, pero si no, me despisto. ¿Esto arregla algo? Pues no sé. A veces sí. A veces me las salto como si fueran recomendaciones.

Otra cosa típica: preparar lo del día anterior. La ropa, las llaves, la mochila. Esto lo dice todo el mundo. Y aun así, hay días que lo hago y llego tarde igual, porque siempre sale algo: que si no encuentro los auriculares, que si me da por limpiar una mancha que no importa, que si me pongo a mirar el tiempo en la app como si eso cambiara la lluvia.

Luego está el tema social, que es lo peor. Porque ir tarde solo es un fastidio, pero ir tarde con otros es quedar como alguien que “no respeta”. Y ahí yo me rayo, porque tampoco es que quiera faltar al respeto, pero tampoco quiero vivir como un reloj suizo. Entonces hago el apaño del WhatsApp: “tío, llego en 5”. Y claro: nunca son 5. Son 12. O 20. Y ya está, ya lo he dicho.

Lo gracioso es que hay gente súper puntual que te saca de quicio, y gente súper impuntual que te cae genial. Así que al final no sé si la puntualidad es una virtud o solo una manía bien vista. Supongo que lo ideal es un término medio, en plan: intentar llegar a la hora, pero sin ponerse intenso.

Conclusión: si quieres llegar puntual, pon alarmas, sal antes y deja de mentirte con lo de “voy llegando”. O sea, lo básico. No es brillante, pero es lo que hay.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento cotidiano · 35%
Predomina el pensamiento cotidiano: el texto piensa la impuntualidad desde rutinas, trucos domésticos y escenas reconocibles del día a día.
  • El centro está en escenas comunes: mirar el móvil, poner alarmas, preparar ropa, buscar llaves, mandar WhatsApps y salir tarde.
  • La impuntualidad se piensa también en relación con otros: respeto, espera, convivencia y percepción social de la puntualidad.
  • El narrador reconoce hábitos propios, autoengaños y contradicciones personales con una voz vulnerable y directa.
  • Cuestiona suavemente el teatro de las excusas y la idea de la puntualidad como virtud incuestionable, aunque no desarrolla una crítica profunda.
  • Se aborda la responsabilidad hacia los demás, la mentira de 'llego en 5' y la tensión entre respeto y flexibilidad.
  • Aparecen fastidio, agobio y cierta culpa al llegar tarde, pero los sentimientos no son el eje principal.
  • La voz coloquial, el ritmo humorístico y las escenas narradas aportan una capa expresiva, aunque subordinada al contenido práctico.
  • Incluye pequeñas propuestas prácticas para cambiar hábitos, como poner alarmas, preparar cosas antes o salir con margen.
  • Hay algo de análisis conceptual sobre la puntualidad y sus justificaciones, pero de manera ligera y no teórica.
  • Hay alguna mirada humorística o ligeramente inesperada, pero no plantea escenarios imaginativos ni especulativos.
  • Solo aparece de forma mínima al preguntarse si la puntualidad es una virtud o una manía bien vista.
  • No hay una reflexión sostenida sobre sentido vital, identidad, muerte o finitud.

Información sobre esta publicación

Algunos textos de Mentes Propias se publican de forma anónima. Estos textos pueden proceder de envíos de los usuarios o de contenidos editoriales propios de Mentes Propias.

Mentes Propias puede utilizar IA y otros sistemas automatizados para moderar, organizar, resumir, generar metadatos, analizar la composición del texto, crear imágenes, producir audio y preparar elementos de presentación o difusión. Estos procesos pueden cometer errores.

Algunos contenidos editoriales propios de Mentes Propias pueden ser creados o asistidos mediante herramientas de inteligencia artificial. Estos contenidos se publican con finalidad editorial o de dinamización y como cualquier otro contenido de la web, deben leerse como piezas de reflexión, no como testimonios reales garantizados ni como información verificada.

El contenido de Mentes Propias no constituye información verificada ni consejo médico, psicológico, legal, financiero, técnico o profesional. Mentes Propias no confirma necesariamente los hechos, no garantiza la exactitud del contenido y no tiene por qué compartir las opiniones publicadas.

Si preparas o compartes un fragmento de esta publicación, revisa antes el contenido, el contexto y las posibles citas, atribuciones o referencias a terceros. Mentes Propias facilita técnicamente la creación de fragmentos, pero cada persona es responsable del uso que haga del material fuera de la web.

Si detectas un problema legal, una atribución incorrecta, plagio, datos personales indebidos, contenido peligroso o cualquier infracción de las condiciones de uso, puedes utilizar el enlace de denuncia de la publicación o contactar con Mentes Propias.