Xopá… el cargador “baratito” que me dejó oliendo a plástico

2 de febrero de 2026

Una anécdota sobre un cargador barato que dejó un olor extraño y la reflexión sobre la responsabilidad en el uso de tecnología. La historia combina humor y una lección sobre la prudencia en el uso de dispositivos cotidianos, resaltando la importancia de no subestimar los riesgos.

ESCUCHA ESTA PUBLICACIÓN

No sé si esto cuenta como algo para escribir, pero lo tiro igual porque me quedó la sensación ahí, pegada, como cuando te acordás de algo y te da una mini incomodidad sin razón clara. Y no, no soy técnico ni electricista ni nada, así que no vengo a dar consejos finos; es más bien una de esas cosas que pasan y uno dice “ah, ya, no fue nada”… y después se queda mirando el enchufe como si fuera una persona.

La vaina fue simple: yo tenía el cargador original del celular, pero se me dañó el cable (o eso creo, porque a veces funcionaba y a veces no, o sea, como que sí, pero no). Entonces en vez de comprar uno “bueno”, fui y compré uno de esos que te venden baratito, dizque “rápido”, y uno se siente súper inteligente porque pagó menos. Fren, a mí me encanta sentir que pagué menos, aunque sea por tonterías.

Lo conecté en mi cuarto, en la regleta donde tengo todo: la lámpara, el abanico, el cargador, el router (sí, lo tengo ahí porque no tengo otra toma cerca), y una cosita para cargar audífonos. O sea, todo junto como si el enchufe fuera una fiesta. Y normal, los primeros días ni pendiente. Yo cargaba el celular, lo agarraba, me iba, volvía, lo conectaba, y así.

Hasta que una noche, estaba acostado y de repente me llegó como un olor… no era humo humo, pero era un olor como a plástico calentito, como cuando dejás algo al sol y se pone feo. Yo pensé que era afuera, que venía del pasillo, o que algún vecino estaba quemando comida. Me paré igual (porque la curiosidad también es ansiedad), y cuando metí la mano por donde está la regleta sentí el cargador caliente. Caliente de verdad. Y ahí me dio ese sustito que no es pánico, pero te despierta.

Lo desconecté y lo vi como si me fuera a responder. Y ahí es donde soy medio ridículo: me puse a oler el cargador como si olerlo me fuera a decir “sí, te vas a morir” o “tranquilo”. No olía a nada fuerte ya, solo como a nuevo barato. Y mi cabeza empezó a hacer esas dos películas a la vez: una que dice “no exageres, eso pasa” y otra que dice “¿y si se quema algo mientras dormís?”. Las dos al mismo tiempo, qué estrés.

Al final no hice nada heroico. Puse el cargador aparte, me dije que lo iba a botar, y al día siguiente lo volví a usar “solo un ratito” porque me urgía salir y no tenía batería. O sea, lo típico: me asusto y después me acostumbro. Y ahí es donde, supongo, esto debería tener una enseñanza, pero honestamente no la tengo bien armada. Solo sé que me dio vergüenza conmigo mismo, como por andar jugando al vivo con cosas que no son chiste, pero igual… uno sigue.

Capaz mañana compro uno mejor, capaz no. Capaz lo olvido hasta el próximo olor raro. Así ando: entre “ya, normal” y “pucha, qué irresponsable”.

Texto anónimo: Este texto ha sido publicado de forma anónima en Mentes Propias.

Composición del texto
Predomina: Pensamiento cotidiano · 32%
Predomina una escena cotidiana narrada con voz literaria y vulnerable: un cargador barato, una regleta, el susto, la vergüenza y la contradicción de seguir usándolo.
  • El eje es una situación doméstica reconocible: cargar el celular, usar una regleta, oler plástico caliente, desconectar el cargador y volver a usarlo por urgencia.
  • La narración se apoya mucho en voz, ritmo coloquial, humor, comparaciones e imágenes expresivas para convertir una escena mínima en relato.
  • La voz muestra contradicción personal, vergüenza consigo mismo y vulnerabilidad ante una conducta irresponsable repetida.
  • El texto trabaja el susto, la ansiedad, la incomodidad y la vergüenza, aunque estos sentimientos acompañan la anécdota más que dominarla por completo.
  • Aparece una preocupación por la responsabilidad personal y por saber que se está jugando con algo riesgoso, especialmente en el cierre sobre sentirse irresponsable.
  • Hay una leve mirada crítica hacia la costumbre de comprar barato y minimizar riesgos, pero no se desarrolla como cuestionamiento social o argumentativo.
  • La referencia a vecinos, pasillo y hábitos de consumo aparece de fondo, sin convertir el texto en una observación sobre convivencia o comunidad.
  • Hay pequeñas imágenes imaginativas, como mirar el enchufe como una persona o esperar que el cargador responda, pero son recursos puntuales.
  • Apenas hay una insinuación de riesgo o amenaza, pero no se reflexiona sobre muerte, sentido, identidad o finitud de forma sostenida.
  • Existe una posibilidad mínima de cambio práctico —comprar un cargador mejor—, pero no se formula una alternativa clara ni un proyecto de mejora.
  • No hay desarrollo de grandes preguntas abstractas ni reflexión conceptual sobre libertad, verdad, realidad o moral.
  • No predominan análisis técnico, conceptos, teorías ni argumentación elaborada; el texto se mantiene narrativo y experiencial.

Información sobre esta publicación

Algunos textos de Mentes Propias se publican de forma anónima. Estos textos pueden proceder de envíos de los usuarios o de contenidos editoriales propios de Mentes Propias.

Mentes Propias puede utilizar IA y otros sistemas automatizados para moderar, organizar, resumir, generar metadatos, analizar la composición del texto, crear imágenes, producir audio y preparar elementos de presentación o difusión. Estos procesos pueden cometer errores.

Algunos contenidos editoriales propios de Mentes Propias pueden ser creados o asistidos mediante herramientas de inteligencia artificial. Estos contenidos se publican con finalidad editorial o de dinamización y como cualquier otro contenido de la web, deben leerse como piezas de reflexión, no como testimonios reales garantizados ni como información verificada.

El contenido de Mentes Propias no constituye información verificada ni consejo médico, psicológico, legal, financiero, técnico o profesional. Mentes Propias no confirma necesariamente los hechos, no garantiza la exactitud del contenido y no tiene por qué compartir las opiniones publicadas.

Si preparas o compartes un fragmento de esta publicación, revisa antes el contenido, el contexto y las posibles citas, atribuciones o referencias a terceros. Mentes Propias facilita técnicamente la creación de fragmentos, pero cada persona es responsable del uso que haga del material fuera de la web.

Si detectas un problema legal, una atribución incorrecta, plagio, datos personales indebidos, contenido peligroso o cualquier infracción de las condiciones de uso, puedes utilizar el enlace de denuncia de la publicación o contactar con Mentes Propias.