El orgullo de resistir y el cansancio de resistir
En Cuba aprendí una palabra antes que muchas otras: resistir. No es una consigna, es una costumbre. Se te pega en la piel como el salitre. La oyes en la cola, en la guagua repleta, en la casa cuando se va la corriente y alguien dice: “tranquila, mi hermano, que esto también pasa”. Y uno asiente, porque aquí asentir es una forma de seguir.
Yo le tengo orgullo a esa resistencia. Me lo enseñaron sin discursos. Mi abuela podía cocinar con lo que hubiera y convertir la escasez en mesa. Mi madre arreglaba una sandalia con hilo y paciencia, y encima se reía, como si la risa fuera otra herramienta del estuche. En el barrio, cuando falta algo, aparece un “déjame ver si lo resuelvo” que no promete milagros, pero abre una puerta. Ese talento para inventar soluciones con dos cosas y una idea es un patrimonio sin museo.
Hay noches de apagón en que terminamos todos en el portal, con un abanico de cartón y conversación bajita. Alguien trae café, otro comparte hielo, y por un rato la oscuridad se vuelve comunidad. En esos minutos la resistencia parece hermosa.
Pero hay una parte de la historia que no siempre contamos. Porque resistir también cansa. Y cansa de un modo raro, silencioso, como una gotera. Nadie se cae de golpe; uno se va desgastando. El cansancio de resistir no siempre se nota en la cara, se nota en la imaginación. Empiezas a pensar en días cortos. Planificas poco. Sueñas chiquito. Te acostumbras a vivir al “por si acaso”, y ese “por si acaso” se vuelve una jaula.
A mí me pasa cuando me descubro celebrando lo mínimo con una euforia que no es alegría, sino alivio. Cuando llega el agua siento que me quitaron un peso, no porque el agua sea un lujo, sino porque lo cotidiano se volvió premio. Ahí entiendo que la resistencia, si se queda sola, te cambia el mapa interior: te enseña a aplaudir por volver a lo normal, como si lo normal fuera un regalo.
La resistencia también tiene un orgullo tramposo. Te da identidad. Te hace sentir fuerte. Y a veces, sin querer, te obliga a demostrar esa fuerza todo el tiempo. Como si descansar fuera traicionar a los que resistieron antes que tú. Como si decir “estoy cansada” fuera una queja indecente. En Cuba, muchas veces, el dolor se cuenta con chiste. Eso salva. Pero también esconde. Porque el chiste tapa la grieta y la grieta crece.
Yo he empezado a pensar que resistir no debería ser un destino, sino una etapa. Un puente, no una casa. La pregunta que me hago no es cómo aguantar más, sino cómo vivir mejor sin negar lo que nos toca. ¿Cómo se hace una vida cuando la energía se gasta en sostener lo básico? ¿Cómo se cuida el alma cuando el día entero es gestión?
Tal vez la respuesta sea otra forma de orgullo: el orgullo de cuidarse. De permitirse el cansancio sin vergüenza. De entender que la resistencia más profunda no siempre es apretar los dientes, sino aflojar el cuerpo a tiempo. Pedir ayuda. Hacer comunidad sin heroísmo. Decir “hoy no puedo” y que eso también sea digno.
Sigo admirando la fuerza de mi gente. Pero quiero una resistencia que no nos robe el futuro. Una resistencia que incluya ternura, descanso y mirada larga. Porque si resistir es lo único que sabemos, terminamos viviendo como si la vida fuera una emergencia eterna. Y la vida, asere, no puede ser solo aguantar. La vida también tiene que ser, aunque sea poco a poco, elegir de nuevo.
Contexto editorial
Opinión o reflexión
Expresa una interpretación, valoración o perspectiva personal.
Esta clasificación editorial ha sido realizada con ayuda de IA. Describe el tipo de contenido; no verifica ni avala sus afirmaciones.
Filtros
Análisis de la publicación
La resistencia en Cuba es una práctica vital que mezcla orgullo y esfuerzo diario, pero también implica un cansancio silencioso que afecta la imaginación y la esperanza. Entender la resistencia como una etapa transitoria permite valorar el autocuidado, el descanso y una mirada más compasiva hacia el futuro, buscando un bienestar más integral y sostenible.
La resistencia en Cuba se expresa en el día a día: desde la paciencia en largas colas y la capacidad de improvisar, hasta el apoyo comunitario durante apagones. Esta práctica arraigada está asociada con un orgullo fuerte, basado en la creatividad y la solidaridad familiar y social. Sin embargo, también genera un cansancio invisible que desgasta lentamente la percepción del tiempo y limita la capacidad de soñar y planificar. Se reconoce que esta carga puede transformar la resistencia en una cárcel emocional que obliga a celebrar lo mínimo como si fuera un premio. Por ello, se propone considerar la resistencia como una etapa pasajera, que debe dar paso a nuevas formas de orgullo basadas en el cuidado personal, el descanso legítimo, la vulnerabilidad aceptada y la construcción de comunidades sin heroísmo. Esta perspectiva promueve una mirada a largo plazo que incluye ternura y capacidad para elegir, más allá de la mera sobrevivencia.
Fragmentos literales destacables
“resistir también cansa. Y cansa de un modo raro, silencioso, como una gotera.”“la resistencia más profunda no siempre es apretar los dientes, sino aflojar el cuerpo a tiempo.”“resistir no debería ser un destino, sino una etapa. Un puente, no una casa.” La fortaleza derivada de la resistencia cultural puede convertirse en una limitación invisible que asfixia el espíritu y la imaginación. El cansancio silencioso afecta no sólo el cuerpo, sino la manera en que las personas sueñan y planifican su futuro, evidenciando un cambio profundo en la percepción de lo cotidiano: lo que antes era normal se vuelve un logro excepcional, generando una lógica de sobrevivencia que puede atraparnos.
Reconocer la diferencia entre la resistencia exhibida y la que desgasta internamente invita a redefinir el orgullo. El cuidado personal surge como un gesto de valentía, un acto de resistencia que va más allá de la mera persistencia. Permitir el descanso, expresar el cansancio sin culpa y solicitar apoyo cambian la narrativa tradicional que asocia fortaleza con resistencia inquebrantable.
Esta perspectiva tiene un potencial transformador para comunidades bajo estrés prolongado, al destacar que proteger el alma y la vitalidad es esencial para sostenerse mucho tiempo. Así, el acto de resistir se enriquece con ternura y visión a largo plazo, evitando que la resistencia constante se convierta en una prisión emocional.
Surge la pregunta crucial de cómo construir sociedades donde la resistencia sea una etapa, no una condición permanente, enfatizando la importancia de incorporar pausas, descanso y la posibilidad real de elegir destinos distintos. Este enfoque invita a pensar en políticas y prácticas que valoren la salud emocional y social tanto como la fuerza frente a la adversidad.

Información sobre esta publicación
Algunos textos de Mentes Propias se publican de forma anónima. Estos textos pueden proceder de envíos de los usuarios o de contenidos editoriales propios de Mentes Propias.
Mentes Propias puede utilizar IA y otros sistemas automatizados para moderar, organizar, resumir, generar metadatos, analizar la composición del texto, crear imágenes, producir audio y preparar elementos de presentación o difusión. Estos procesos pueden cometer errores.
Algunos contenidos editoriales propios de Mentes Propias pueden ser creados o asistidos mediante herramientas de inteligencia artificial. Estos contenidos se publican con finalidad editorial o de dinamización y, como cualquier otro contenido de la web, deben leerse como piezas de reflexión, no como testimonios reales garantizados ni como información verificada.
El contenido de Mentes Propias no constituye información verificada ni consejo médico, psicológico, legal, financiero, técnico o profesional. Mentes Propias no confirma necesariamente los hechos, no garantiza la exactitud del contenido y no tiene por qué compartir las opiniones publicadas.
Si preparas o compartes un fragmento de esta publicación, revisa antes el contenido, el contexto y las posibles citas, atribuciones o referencias a terceros. Mentes Propias facilita técnicamente la creación de fragmentos, pero cada persona es responsable del uso que haga del material fuera de la web.
Si detectas un problema legal, una atribución incorrecta, plagio, datos personales indebidos, contenido peligroso o cualquier infracción de las condiciones de uso, puedes utilizar el enlace de denuncia de la publicación o contactar con Mentes Propias.