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El muro

Cuando la última bocanada de aire se atragantó en su garganta, sintió una liberación. Todo se nubló y los objetos circundantes se desvanecieron.

En realidad, siempre imaginó que aquel momento sería diferente. Había fatigado sus noches en suposiciones extravagantes y antojadizas. Pero el caso era que aquel instante esperado no fue, como supuso, ni un término irrevocable ni un lapso de misticismo, sino un acontecimiento común de la naturaleza, tan simple como necesario. Incluso, comprendió entonces que esa circunstancia no le era desconocida por completo. Ya la había experimentado otras veces. Pero esto podía comprobarlo recién ahora, que dejaba atrás ochenta años de vida física.

Al verse en aquel “nuevo mundo”, encontró respuesta a infinidad de interrogantes que lo desvelaran durante el transcurso de sus días terrenales. Descubrió que había un “más allá” y que la muerte era transitoria, solo una compleja vía de escape. Los misterios se le revelaban a cada paso. Así descubrió los mecanismos de la muerte, las posibilidades de aquel novedoso mundo y la falsía del infierno y del paraíso, simple anhelos religiosos. Así supo que el tiempo y el espacio son sólo puntos de apoyo de la vida terrena, pero que allí carecían de importancia y validez. Entendió que sus seres queridos eran ahora borrosas siluetas de las cuales conservaba apenas un recuerdo cariñoso, pero vago. La conciencia de su vida anterior se iba diluyendo y crecía, dentro suyo, otra forma de conciencia, que le brindaba una visión más amplia de las cosas. Esta conciencia superior, totalizadora, lo hizo partícipe de muchas cuestiones desconocidas, pero también lo puso en guardia sobre otros puntos de su actual y novísima realidad, que comenzaron a preocuparle lentamente. A medida que absorbía los pormenores de su nuevo estado y resolvía los viejos interrogantes, se fue dando cuenta de que un fárrago de inquietudes incipientes empezaba a abordarlo y que otras dudas y otros arcanos torturaban su atención. Los por qué, los cómo y los cuándo retornaron al plano de su conciencia y se sintió aguijoneado por nuevas cuestiones que no comprendía. El enigma del infinito y de la eternidad rondó por su mente, como un añejo fantasma que volvía de las sombras para demostrar que no había muerto, que no podía morir.

Nunca pudo concebir el concepto del infinito. Las cosas debían tener principio y fin. Era necesario que fuera de ese modo. Lo ilimitado le resultaba abstruso, incompresible.

Comenzó a  caminar por ese paisaje extraño. Atravesó regiones de fuego y de hielo. Cruzó escarpadas montañas y mares de oro. Voló sobre bosques petrificados y sobre nubes esponjosas. Debía haber un final, un sitio en el que pudiera grabar su Nec Plus Ultra, como lo hiciera Hércules en los montes Abila y Calpe, creyendo que eran el fin del mundo. Se deslizó por el arco iris y, aferrado al rabo del viento, cruzó la región de las brumas, donde moran las serpientes encantadas y los magos negros. Con sigilo recorrió las cavernas soterrañas, infestadas de dragones y de duendes. Anduvo por la Ciudad del Olvido y desembocó en las praderas de nácar y de rayos de sol, donde conviven los árboles ígneos y las gacelas de cristal. Luego tomó un sendero desértico y caminó incansablemente hasta toparse con un gigantesco muro. Allí se detuvo. Lo observó con detenimiento. Lo vio extenderse hacia arriba y hacia los costados, hasta donde su vista se perdía. Aquel era el límite indudablemente. Se sentó en el suelo y lloró de felicidad. Su viaje no había sido en vano.

Cuando estaba por escribir en el muro su Nec Plus Ultra, una duda lo asaltó. Su mano se detuvo en el aire y sintió una sensación de pánico incontenible. Entonces forjó con su mente una maza de acero de grandes dimensiones y con ella comenzó a golpear el muro con tremenda energía y convicción. A cada golpe certero, la sólida superficie vertical crujía, emitiendo un ruido sordo y seco. Algunos trozos de pared se derrumbaban ante la insistente presión de la maza, hasta que el muro se resquebrajó y se vino abajo.

Luego de un caos de escombros se levantó un polvo asfixiante que obstaculizó su visión por unos instantes. Pronto, la polvareda se aquietó y con sus manos limpió sus ojos para observar qué lo esperaba del otro lado del muro.

Los pájaros cantaban sobre sus ramas y un cálido sol golpeaba su mirada, cuando traspuso aquel límite y se perdió para siempre.

Autor de este texto: Sergio Maestri

Autor del texto

Contexto editorial

Ficción o creación literaria

Contenido creativo que puede incorporar situaciones, voces o elementos imaginarios.

Esta clasificación editorial ha sido realizada con ayuda de IA. Describe el tipo de contenido; no verifica ni avala sus afirmaciones.

Filtros

Composición del texto

Predomina: Pensamiento literario · 34%
Predomina una narración literaria y fantástica sobre la muerte, el más allá, el infinito y la búsqueda de un límite.
  • La composición depende principalmente de una voz narrativa, imágenes simbólicas, ritmo descriptivo, escenas fantásticas y desenlace abierto.
  • El eje temático incluye muerte, más allá, tiempo, espacio, eternidad, infinito y sentido del límite, con una presencia muy importante en todo el relato.
  • Construye un escenario imaginativo de ultratumba con regiones de fuego y hielo, mares de oro, ciudades fantásticas, dragones, duendes y un muro límite.
  • Reflexiona de forma explícita sobre conceptos abstractos como infinito, eternidad, tiempo, espacio, conciencia y muerte.
  • Aparecen estados afectivos puntuales como liberación, preocupación, felicidad, llanto y pánico, pero no organizan el texto completo.
  • El relato entra en la conciencia del personaje y muestra dudas, miedo y desconcierto, aunque la interioridad está subordinada a la trama metafísica.
  • Hay formulación conceptual sobre mecanismos de la muerte, conciencia superior y categorías de tiempo y espacio, aunque no domina frente a lo narrativo.
  • La muerte se presenta por momentos como un acontecimiento natural, pero casi todo el texto abandona lo cotidiano hacia lo extraordinario.
  • No hay cuestionamiento sostenido de normas, discursos sociales o estructuras de poder; solo se desmontan imaginarios religiosos como parte del mundo narrativo.
  • No hay observación relevante sobre convivencia, comunidad, familia, desigualdad o relaciones sociales; los seres queridos aparecen solo como recuerdo vago.
  • No propone cambios personales o colectivos ni alternativas prácticas de vida; el movimiento es narrativo y metafísico.
  • No se centra en responsabilidad, culpa, daño, perdón, justicia personal ni dilemas morales.

Análisis de la publicación

La muerte se presenta como una transición hacia una conciencia más amplia y desconocida, en la que los límites de la vida terrenal se disuelven y emergen nuevas preguntas sobre la eternidad y el infinito. A través de un viaje simbólico y onírico, se exploran las tensiones entre lo finito y lo ilimitado en la experiencia post mortem.

Análisis generado mediante inteligencia artificial por Mentes Propias.
Ilustración en grabado sobre El muro
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