UN DÍA DESAFORTUNADO
Desde temprano supe que aquel día no sería muy prometedor y que estaría cargado de inconvenientes. Supongo que se trataba de aquello que algunos llaman intuición. Yo le llamaría causalidad. Saber que uno es un destinatario de la “mala suerte”.
Tenía una entrevista de trabajo. Hacía mucho que esperaba una. Había enviado infinidad de Curriculum por mail, por correo y en forma presencial. Por eso sabía que no podía desaprovechar esta valiosa oportunidad que la vida me brindaba. A cierta edad y en determinadas culturas, las entrevistas de trabajo no abundan. A los 40 ya sos viejo.
Me había vestido para la ocasión, aunque no pude ponerme la camisa que quería. Tenía una mancha de café en el cuello. Mal augurio.
Cuando llegué al edificio tenía una certeza. Subiría por las escaleras. Eran seis pisos, pero no me importaba.
Sin embargo, al entrar me encontré con la infausta novedad de que las escaleras estaban clausuradas por un problema de cañerías. Mala noticia.
- Señor. Buenos días –le dije al portero-. ¿No hay otra escalera, aunque sea de servicio?
- No, caballero. Pero puede subir por el ascensor.
Me quedé mirándolo un instante. ¿Cómo le explicaba que soy claustrofóbico y que los ambientes cerrados representan para mí poco menos que una tortura?
Lamentablemente no había traído mi equipo de alpinismo ni el traje del Hombre Araña que había usado en la última fiesta de disfraces para poder trepar el edificio o escalarlo.
Faltaban 10 minutos para mi entrevista, así que tomé coraje e ingresé al ascensor. Marqué el piso sexto y cerré los ojos, intentando abstraerme del encierro. Traté de pensar en otra cosa: bellos paisajes, el partido del domingo, mi estrategia para la entrevista e incluso en los voluminosos pechos de la vecina del 4º “D” que tantos sueños eróticos me han despertado.
Pero indudablemente aquel no era mi día de suerte, sin dudas. Casi llegando al quinto piso, se cortó la luz y el ascensor se detuvo.
Intenté mantener la calma. Me dije que el servicio eléctrico se restablecería pronto y que el ascensor arrancaría nuevamente.
Aguardé tres minutos. La camisa comenzó a pegárseme al cuerpo por la copiosa transpiración. Decidí quitarme el saco. Mi tic nervioso reapareció en mi ojo izquierdo y las manos empezaron a sudarme. Me faltaba el aire y me bajó la presión.
Entonces pulsé el botón de emergencia y comencé a golpear la puerta y a pedir auxilio. El silencio era absoluto.
Intenté calmarme. Respiré profundo y cerré los ojos buscando tranquilidad. Me acordé de aquellas clases furtivas de yoga en las que me dormía como un lirón.
Miré el reloj. Ya era la hora de la entrevista.
Me enfurecí, empecé a los golpes de puño y a las patadas y mis llamados se convirtieron en gritos y por último en alaridos furibundos y desesperados.
Arrojé el saco al piso. Me aflojé la corbata y tiré la carpeta con mi curriculum y antecedentes al suelo, desparramando los papeles. Me tomaba la cabeza, jalando mi cabello. Mis puños comenzaron a sangrar como consecuencia de los golpes y, por mis abruptos movimientos me saltó un botón y se descoció en la axila mi camisa, ya arrugada y maloliente.
Caí al piso, me quité un zapato para golpear con más fuerza la puerta. Me resbalé y caí de bruces, lastimándome la nariz.
Entonces, ya al límite de mi ataque claustrofóbico, la luz se restableció y el ascensor se encendió.
Cuando llegué al sexto piso y la puerta se abrió, a través de los vidrios de la entrada a las oficinas un abigarrado grupo de empleados, entre su asombro e hilaridad, me encontraron despeinado, sudoroso, con la camisa rota, los papeles por el piso, los puños y la nariz sangrantes y una cara de temor y desconcierto indescriptible.
¡Creo que no hace falta que les diga que no conseguí aquel empleo!
Contexto editorial
Experiencia o testimonio personal
Relato basado en la experiencia, memoria o percepción de su autor. No permite extraer por sí solo conclusiones generales.
Esta clasificación editorial ha sido realizada con ayuda de IA. Describe el tipo de contenido; no verifica ni avala sus afirmaciones.
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Análisis de la publicación
Un día marcado por contratiempos ilustra cómo factores personales y circunstancias externas pueden transformar una situación habitual en un episodio límite. En el contexto de una entrevista laboral decisiva, el combinar una condición personal como la claustrofobia con eventos imprevistos intensifica la ansiedad y afecta el desempeño. Esta vivencia muestra la intersección entre salud mental, expectativas sociales y el entorno laboral.
Una persona en sus cuarenta años relata cómo consigue una entrevista importante tras enviar numerosos currículos. Desde temprano, percibe una mala señal definitiva para ese día. Preparado para la entrevista, enfrenta sucesos adversos: una mancha en la camisa, escaleras clausuradas y la necesidad de usar un ascensor que provoca su ansiedad por claustrofobia. Durante el ascenso, un corte de luz detiene el elevador, desencadenando un ataque de pánico con síntomas físicos y emocionales severos. Al salir, se presenta desaliñado y angustiado, perdiendo así la oportunidad laboral. El relato destaca la complejidad de las barreras culturales, personales y de salud mental en contextos laborales críticos.
Fragmentos literales destacables
“Me faltaba el aire y me bajó la presión.” La situación refleja cómo factores sociales y personales pueden converger para amplificar estados de ansiedad que afectan la funcionalidad en situaciones exigentes. La presión cultural sobre la edad como límite en la búsqueda laboral colisiona con obstáculos físicos y psicológicos, creando un escenario adverso difícil de manejar.
La claustrofobia emerge como un trastorno que no solo produce malestar sino que puede limitar oportunidades, especialmente en contextos poco adaptados a necesidades individuales. La incapacidad de elegir un acceso alternativo y la falta de apoyo en el entorno laboral evidencian una carencia de sensibilidad hacia la diversidad de condiciones personales.
Es necesario cuestionar cómo se diseñan los espacios y procedimientos para candidatos o trabajadores con diferentes vulnerabilidades. Incorporar flexibilidad, opciones accesibles y acompañamiento podría corroborar un compromiso real con la inclusión y el bienestar mental.
Además, atribuir el conjunto de problemas al concepto de “mala suerte” puede simplificar la complejidad del estrés anticipatorio y las condiciones psicosociales subyacentes, relegando la búsqueda de soluciones y la empatía institucional a un plano secundario.

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