Alexis González Monasterios
Alexis González Monasterios
Biografía
Fue profesor titular de la Cátedra de Metodología en la Escuela de Administración, periodo durante el cual publicó diversos libros de carácter científico y trabajos de investigación galardonados con men-ciones honoríficas.
Apasionado por la historia cultural de su país y por los complejos trasfondos psicológicos de sus per-sonajes, es autor de una sólida obra narrativa que incluye títulos como El hombre termita, Por un hilo que cayó de la ventana, El balcón de los perros, La vida que nos hemos inventado, y La calle comercio, la familia que quiso ser importante. Ahora nos pre-senta Agobio, una novela de profundo contenido psicológico e inspirada en un conmovedor hecho real que sacudió a la nación.
Agobio
En la Caracas universitaria de una época marcada por silencios y corrientes intelectuales intensas, la vida de Lisboa —una joven de piadosa y estricta familia— se quiebra el día en que cruza la mirada con Hermes Piú, un profesor de sociología de personalidad arrolladora. Seducida y posteriormente abandonada por este, tras su marcha a Francia, Lisboa se refugia en el aislamiento hasta que Norberto Soria, un compañero de noble y paciente vocación, la rescata del naufragio.
Sin embargo, el afecto de Norberto no es suficiente para apagar las brasas del rencor. Movida por una oscura necesidad de venganza contra Piú, Lisboa seduce a Norberto y lo arrastra a un matrimonio fundado sobre los escombros de su propio despecho. Años después, cuando el pasado regresa en forma de una nueva llamada de Piú, Lisboa cede de nuevo y abandona el hogar, desatando una tormenta de estupor colectivo por sus cons
Agobio
Descripción del libro
Agobio
Fragmento del libro
El profesor Piú era, sin duda, una de las ar-terias vibrantes de la Facultad. Cuando entró al salón para dictar la primera clase a los nuevos estudiantes, no lo hizo con la solemnidad acarto-nada de los viejos académicos de la universidad. Entró casi corriendo, dejando la puerta abierta de par en par, con una chaqueta de pana marrón que le quedaba holgada y una carpeta de manila que arrojó sobre el escritorio con displicencia.
No era un hombre guapo en el sentido clásico, pero poseía ese atractivo magnético del criollo despierto: de piel tostada, cabello oscuro un tanto re

